¿Visitar Mixquic para el Día de Muertos? ¡No con nosotros!
Me encanta, me encanta, me encanta el Día de Muertos, es mi fiesta mexicana favorita y resume lo que más valoro de la actitud de México hacia la vida y la muerte. Sin embargo, ir a Mixquic para el Día de Muertos me da mucha tristeza. Incluso hace 20 años era una fiesta turística gigante, en la que los lugareños eran una minoría muy pequeña y acudían las multitudes de personas de la Ciudad de México y otros lados para mirar a los pocos lugareños celebrando a sus seres queridos fallecidos. Yo sentí como si estuviera invadiendo y hasta profanando un momento muy personal y sagrado.
Para realmente sentir el Día de Muertos, hay que ir a lugares donde los de fuere sean una pequeña minoría y la gran mayoría sean los lugareños que reciben a sus difuntos queridos de forma muy personal.
Hasta hace solo unos años, el Día de Muertos ya no se celebraba mucho en la Ciudad de México. Se solía celebrar principalmente en las ciudades más pequeñas y pueblos indígenas, pero luego el turismo internacional comenzó a sentirse cada vez más atraído por esta festividad y la ciudad comenzó a organizar sus propias actividades de Muertos. Hubo eventos públicos, exposiciones y desfiles, y luego todo explotó cuando salió la película Spectre de James Bond, y aún más con la película animada Coco. Ahora la ciudad organiza un desfile igual que en la película. ¡Los desfiles son divertidos y las exposiciones de arte son preciosas! Los disfrutamos, aunque tenemos presente que éstos tienen poco que ver con la tradición muy personal e íntima de dar la bienvenida a los seres queridos que ya no están con nosotros, de celebrar su memoria y nuestro amor por ellos, durante un breve periodo de cada año.
El Día de Muertos y Halloween no son en absoluto lo mismo. No hay nada aterrador ni espeluznante en el Día de Muertos. Pero lo aterrador y espeluznante también es divertido, ¡y Halloween es una gran fiesta! Usted verá muchas muestras de Halloween en la ciudad, junto con el Día de Muertos. Me parece que estos representan dos polos opuestos en cuanto a la relación que los vivos tenemos con la muerte: la muerte como compañera permanente de la vida, y la muerte como el final aterrador de la vida.